- Hablarle más despacio.
- Hablar con frases sencillas y cortas.
- No interrumpirle jamás.
- Hacer juego con el lenguaje: que se divierta ( veo-veo, palabras encadenadas, contrarios, adivinanzas retahílas, poemas, refrenes...).
- Hacer guardar los turnos conversacionales a todos en casa: todos son escuchados, cada uno en su momento.
- Leerle cuentos, contarle historias, describir una foto: poco a poco él será capaz de hacer lo mismo.
- Invitarle a que se exprese.
- Intercambiar expresión de sentimientos: qué nos frustra, qué nos da miedo, a quién amamos, qué sentimos: invitarle a que él se abra.
- Mirar a vuestro hijo, sonreídle, acariciarlo, mostrarle que estáis orgullosos de él por encima de su forma de expresarse.
- Prestar atención a vuestro tono de voz y vuestras palabras cuando estés enfadados.
- Evitar presiones.
- Dedicarle un tiempo especial para la comunicación.
- Evitar las cosas que le dan miedo o le restan confianza: agravarán sus difluencias, también los sentimientos de culpabilidad, vergüenza, frustración, rechazo o angustia.
Letras
miércoles, 14 de diciembre de 2011
Disfemia: Pautas para padres.
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